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Fundamentos básicos sobre los plásticos
La gestión de los residuos, y la gestión de los residuos plásticos en especial, será un problema fundamental durante los próximos años. ¿Y si, finalmente, los polímeros, tan a menudo demonizados, fueran una solución en lugar de un problema?
Fundamentos básicos sobre los plásticos
Fundamentos básicos sobre los plásticos

Nueva perspectiva sobre los plásticos

El sector del plástico: un verdadero peso pesado

En 2015, la producción mundial de plástico ascendió a 322 millones de toneladas. Una cifra ciertamente elevada, aunque muy inferior a la del acero, cuya producción en el mismo año alcanzó los 1 620 millones de toneladas. Sin embargo, los plásticos siguen siendo un peso pesado en la economía, especialmente en Europa, donde la producción en 2015 fue de 58 millones de toneladas, lo que equivale al 18,5 % de la producción mundial. El viejo continente se sitúa justo detrás de China, que recientemente se convirtió en el mayor productor del mundo. En Europa, el sector del plástico representa aproximadamente 1,5 millones de puestos de trabajo directos repartidos en cerca de 60 000 empresas, cuya cifra de negocio total alcanza los 340 000 millones de euros. Además, el sector europeo del plástico es un gran exportador, con unos ingresos comerciales de alrededor de 16 000 millones de euros.

Los polímeros al servicio de la sociedad

Los plásticos están ampliamente expandidos debido a su creciente e indispensable presencia en nuestra vida cotidiana. Sin ellos, sería difícil reducir el peso de las cargas transportadas y, por consiguiente, hacerlas menos contaminantes. Sin su contribución al aislamiento, la eficiencia energética de muchos edificios se vería enormemente reducida. Son muchos los sectores que utilizan los polímeros: El 40 % de la producción está destinada al sector del embalaje; le siguen los sectores de la construcción (20 %), la automoción (9 %), la electrónica (6 %) y, finalmente, el de la agricultura con un 3 %. El balance final sería maravilloso, si no fuese por los 25 millones de toneladas de residuos que se generan en Europa cada año. Afortunadamente, se está progresando muy rápidamente en este ámbito y cada vez son más las opciones disponibles.

Europa: un alumno aplicado, pero poco regular

Apenas unas décadas atrás, los residuos no eran un problema. Estos se desechaban en vertederos al aire libre o, en el mejor de los casos, se quemaban en grandes incineradoras. Algunos visionarios invirtieron en plantas capaces de convertir el calor obtenido de la combustión de residuos en energía eléctrica o calorífica. Desde entonces, muchos países han comprendido la necesidad de reciclar, en especial, en relación con el reciclaje de plásticos. Algunos opinan que se progresa con demasiada lentitud, pero, cuanto menos, hay progreso. Sin embargo, la opción preferida para muchos de los países europeos sigue siendo el depósito en vertederos. En 2014, el 30 % de los residuos plásticos que se generó en Europa* se depositó en vertederos, el 40 % se incineró y solo el 30 % se recicló. Esto refleja un progreso considerable, puesto que en menos de diez años el depósito de plásticos en vertedero ha descendido aproximadamente en un 40 %, el índice de reciclaje ha aumentado en un 64 % y el índice de recuperación de energía ha aumentado en un 46 %. Es posible afirmar, por lo tanto, que Europa está en el buen camino, y hay motivos para creer que en un plazo de doce años el depósito de polímeros en vertederos será cosa del pasado. No son las mejores noticias para el medioambiente ni para la economía, puesto que los residuos plásticos constituyen un recurso formidable que es una pena no aprovechar.

* Obviamente, se trata de la media europea y existe una gran disparidad entre los distintos países. Algunos países han decidido legislar en este ámbito y han prohibido el depósito de plásticos en vertederos. En estos países se alcanzan índices de recuperación del 100 %. En el otro extremo, estos índices difícilmente superan el 10 %.

Residuos demasiado valiosos para un simple cubo de basura

Hasta la fecha, únicamente han existido dos métodos de recuperación de residuos plásticos: Una opción es la incineración, que consiste en quemar los residuos en incineradoras de residuos domésticos, lamentablemente, en algunos casos, sin recuperación de energía. El poder calorífico de los polímeros no tiene rival: una botella de leche de polietileno proporciona el equivalente a un litro de aceite. Como es lógico, las incineradoras actuales cumplen la legislación vigente en materia de prevención de contaminación. La otra opción es el reciclaje de los residuos para obtener un material cuyas propiedades sean lo más parecidas posible a las del material virgen. En un lenguaje más técnico, esta conversión se denomina recuperación de materiales. Las empresas de reciclaje pueden elegir entre varias soluciones disponibles. El reciclado mecánico consiste en triturar, lavar, separar y convertir en gránulos el material para volver a transformarlo en un producto nuevo.

Otra solución es recuperar los residuos utilizando procesos químicos. Son procesos que permiten recuperar las materias primas utilizadas para fabricar un polímero, ya sea el monómero básico o un producto petroquímico básico, y volver a utilizarlas. Esto se conoce como reciclado químico.

El reciclaje, una decisión que no debe tomarse a la ligera

La recuperación de plásticos a través del reciclaje no es tan simple como podría parecer. El primer paso es la recogida. Este es un paso crucial que depende exclusivamente de la buena voluntad de todos los implicados, esto es, las empresas y los hogares. Después viene la cuestión del transporte, cuyo coste e impacto medioambiental deben ser tomados en cuenta. Los plásticos deben parte de su éxito a su peso ligero, por lo que recoger una tonelada de plástico, obviamente, requiere recolectar muchas más botellas que si se tratara de una tonelada de vidrio. A continuación, se procede a su clasificación, lo que resulta especialmente complicado debido a la gran variedad de plásticos existente y al hecho de que cada polímero tiene unas propiedades específicas. Aunque la clasificación de los materiales plásticos individuales como, por ejemplo, las botellas de agua de PET, resulta relativamente sencilla, la clasificación de los objetos fabricados con varios tipos de plástico ya es otro tema. En algunos casos resulta más viable, desde el punto de vista económico y medioambiental, destinarlos a la recuperación de energía.

Encontrará más información en la entrevista a Michaël Kotschan incluida en la sección «Los plásticos según...»

La clasificadora agudiza la vista

Sin embargo, las técnicas de clasificación están evolucionando con gran rapidez. Steinert, una empresa alemana especializada en el diseño de máquinas clasificadoras, acaba de lanzar un modelo absolutamente revolucionario. Hasta la fecha, la separación de materiales tales como los plásticos consistía simplemente en sumergirlos en una piscina. En función de la diferente densidad de cada polímero, estos flotan o se hunden. Por lo tanto, esta fase del proceso se limita a recoger los materiales por separado. Esta es una técnica muy simple que no siempre resulta adecuada cuando se trata de polímeros con densidades muy parecidas. Algunas máquinas realizan un barrido óptico que les permite reconocer determinados polímeros, pero todavía no son capaces de diferenciar los plásticos cuando estos son de color negro.

El elemento responsable de esta interferencia es el carbón vegetal, un compuesto que se utiliza para dar color negro a los plásticos y que absorbe las longitudes de onda correspondientes al visible y al infrarrojo del haz óptico. El sistema de barrido de la nueva clasificadora Steinert distingue los distintos materiales comparando sus espectros electromagnéticos con una serie de referencias almacenadas en una unidad de software analítico. La fiabilidad del análisis está garantizada gracias a la utilización de una cámara de ultra alta definición capaz de analizar con precisión la frecuencia electromagnética de cada uno de los homogeneizados. Esto permite detectar incluso las más pequeñas variaciones existentes entre los materiales analizados. De este modo, la clasificadora es capaz de distinguir entre varios plásticos y polímeros (PE, PP, PVC, PS, etc.) dentro de un flujo de residuos que puede llegar a ser de hasta 1 tonelada/hora.

Avances del sector

Recolectar los plásticos usados para proceder a su clasificación y reciclaje es, sin lugar a dudas, una cuestión de buena voluntad. Algunos sectores presentan elevados índices de desempeño, por ejemplo, el sector de la construcción, que es el segundo mayor consumidor de polímeros después del sector del embalaje. De los 10 millones de toneladas de plásticos utilizados anualmente en este sector, prácticamente la mitad corresponden a PVC. A pesar de ser gran utilidad, este material tuvo muy mala prensa dos décadas atrás debido a que estaba calificado como no reciclable. El sector decidió entonces coger el toro por los cuernos y puso todo su empeño en conseguir que el PVC fuera reciclable, a través del programa VinylPlus. El objetivo se ha cumplido y, actualmente, el sector es extremadamente eficaz en lo que se refiere a los procesos de clasificación y reciclaje, algo que probablemente se traducirá en el reciclado de 800000 toneladas anuales de PVC en 2020.

 

A veces, los fabricantes también participan en el proceso de reciclaje. La empresa Solvay, por ejemplo, a través de su proceso Move4earth, revaloriza los residuos textiles complejos tales como el tejido utilizado en los airbags, fabricado con una combinación de poliamida y silicona. Gracias a un novedoso proceso químico que permite separar los dos materiales constituyentes, Solvay lleva a cabo el reciclado de las poliamidas (PA6.6) de alta calidad sin pérdida significativa de las propiedades del material. Solvay produce además una poliamida reciclada de excelente calidad destinada a los sectores del automóvil, la construcción, los electrodomésticos y el ocio. Una evaluación del ciclo de vida llevada a cabo con estos plásticos reciclados demostró que representan una huella de carbono del 26 %, un ahorro en el uso de recursos no renovables y una reducción del consumo de agua del 69 %, en comparación con el uso de los materiales vírgenes. Move4earth se utilizará para procesar los recortes sobrantes de la producción de los airbags, con la previsión de procesar en breve los airbags usados.

 

 
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